“El día que la ciencia comience a estudiar fenómenos no físicos, progresará más en una década que en todos los siglos anteriores de su existencia”.

– Nikola Tesla

Vivir en el período de mayor prosperidad económica y liberalismo político, donde la ganancia a través del comercio económico es favorable a la conquista territorial, y la homeostasis internacional se equilibra a través de la diplomacia en lugar de la dictadura, puede hacer que parezca que la vida humana de hoy es la mejor alcanzable. Eso es especialmente cierto para las generaciones mayores que aún recuerdan cómo contraer una gripe común durante la Primera Guerra Mundial fue en realidad más mortal que ir a la guerra misma. Sí, teníamos diferentes problemas antes, y en realidad resolvimos la mayoría de ellos. Descubrimos la penicilina, por lo que no morimos de escarlatina o neumonía, ni de enfermedades aún más simples como una infección en la garganta. ¿Cómo es que ahora, cuando tenemos el tiempo, la energía y las herramientas para centrarnos en nosotros mismos y vivir nuestra mejor vida sin amenazas existenciales, nos encontramos con un existencialismo cada vez más desalentador?

Las enfermedades contemporáneas están directamente relacionadas con el exceso; ya sea trabajo, comida, redes sociales o tú elige tu veneno. Parece que cuanto más tratamos de llenar nuestros vacíos, más huecos nos volvemos, tanto en la mente como en el cuerpo, creando espacio para enfermedades extrañas como la ansiedad y la depresión. Esas no eran predominantes en nuestra sociedad hace solo un par de décadas. El Dr. Robert Sapolsky, profesor de neurología en la Universidad de Stanford, explica cómo la medicina hoy lucha por encontrar soluciones sistemáticas y directas a preguntas aparentemente simples, como ¿por qué cuando no nos sentimos amados, comemos una caja de galletas Oreo? Afirma que, si resuelve esa pregunta, también resuelve la interrogante de la diabetes en el país. Las respuestas para nuestras enfermedades occidentalizadas son sutiles pero innegables, insignificantes pero abrumadoras, y no pueden entenderse solo a través de los ojos de la ciencia.

Ana Marija Zuzul, directora creativa y actriz en una obra de teatro interdisciplinaria Voids (Praznine), en Croacia, ha tenido como objetivo investigar esta paradoja de la realidad moderna, del sentimiento de vacío frente a una plena buena vida y plantear la pregunta de ¿qué tanto estamos vacíos en realidad? Conectando y colaborando con quince profesionales de diferentes disciplinas, estaba buscando un común denominador en situaciones cotidianas que pudiera pintar las siluetas del vacío interior que estamos llenando en exceso. La obra está situada en una sala de convenciones, como la que encontrarías en un gran hotel, en medio de algún evento corporativo. Recibes un saludo de una anfitriona, y una copa de champán de la mesera, y te diriges a grandes mesas redondas y blancas, como en una boda, para ver un video patrocinado por la empresa, sobre valores vagos y visiones de la compañía. Cuando el video termina y el silencio llena la habitación, una de las mujeres en la mesa comienza a pensar en voz alta, haciendo que todos se sientan un poco incómodos, y te das cuenta de que estás en medias res. Las tres mujeres: camarera, anfitriona e invitada, comienzan a decir lo que realmente pasa por sus mentes, acompañadas en un segundo plano, de escenas filmadas que sirven como flashbacks de situaciones que la llevaron al momento actual.

Fotografía: Mara Bratos

Esta repentina yuxtaposición de los mundos interior y exterior, trae al frente la sensación de vacuidad, de insuficiencia y de que hay algo faltante, hasta la superficie, para ser reexaminado. Al principio, al entrar en la habitación y recibir un saludo de esta encantadora anfitriona, con su gran sonrisa y sus movimientos seguros y felinos, sentí una inmediata distancia hacia ella. ¿Por qué? Bueno, simplemente porque ella es tan perfecta, y yo, bueno, me pregunto si me tengo entre los dientes restos del croissant que tomé de camino. Sin embargo, en realidad, la sensación de insuficiencia no proviene de mi croissant, sino de la comparación instantánea que hago de mi universo interno, profundo, personal y desordenado, y su universo externo, público, pulido y filtrado. Guy Debord, en 1967, describió este fenómeno a través de su escrito Society of Spectacle. Explicó cómo vivimos en la realidad fabricada de las imágenes hiperrealistas que diseñamos, tomándolas como la verdad y separándonos de la verdadera naturaleza de la realidad, o, por decirlo así, de nuestros dramas internos. Cincuenta años después, parece que su teoría tiene nuevos alcances, y que estamos cada vez más lejos de la unidad real como humanos. Vivir en los momentos más inventados que hemos visto, conocernos a través de Instagram y otras redes sociales, proyectar y mostrar nuestras vidas irreales, también nos torna en lo más vacíos que hemos estado. Llenar nuestros vacíos interiores con galletas Oreo y croissants, a su vez nos vuelve más tristes, enfermos y solitarios.

Fotografía: Mara Bratos

Sin embargo, tan pronto como los dramas internos salen a la superficie, la distancia ilusoria entre humanos aparentemente impecables se desvanece, y te quedas con este sentimiento de empatía y entendimiento de las paradojas de la vida de todos. Te sientes lleno y conectado, y esto no sucedió a través de los ojos reduccionistas de la ciencia, sino a través de una ingeniosa comprensión de las complejidades, sensibilidades, peculiaridades y misterios de la vida. Voids no tiene una aspiración de responder a la pregunta emocional de las Oreo, ni de encontrar una respuesta definitiva, solución o juicio a nuestra existencia. Sin embargo, en palabras de Ana Marija, sí invita a reconsiderar los marcos teatrales y artísticos, así como los vacíos individuales y sociales. Llevar lo que está adentro hacia afuera, derramarlo para que todos lo vean y noten la conexión entre nuestros mundos internos, que guardamos para nosotros, como nuestro mayor sucio secreto, podría ser una forma más metodológica de excavar un poco más profundo y así encontrar las respuestas que necesitamos desesperadamente.

Fotografía: Mara Bratos

Previous articleVivir con Afantasía
Next articleCruzar el Viaducto
Nina Turudić es una curadora y crítica independiente, nacida en Croacia y radicada en México desde 2018. Estudió Ciencias Políticas e Historia del Arte en Cornell University, en Nueva York. Ha explorado temas de su interés en diferentes proyectos tanto curatoriales como de investigación, específicamente sobre arte contemporáneo y feminismo. Ha publicado sus textos en diferentes medios internacionales. Es apasionada de explorar temas de salud y bienestar. Jugó tenis profesionalmente, formando parte del equipo nacional de Croacia, compitió en diferentes torneos Ivy League y fue sub campeona en el Campeonato Europeo. Además es instructora certificada de Yoga y produce una línea natural para el cuidado de la piel.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here